11.16.08
No me gusta Hamilton (Dios mío, cómo sufrimos los forofos!!)
A lo mejor, dentro de unos años, una distinta apreciación de la realidad o la evolución del piloto hacen que me tenga que comer con patatas estas palabras. Pero a la altura de hoy, puedo decir resueltamente: “No me gusta Lewis Hamilton“.
Y eso que, al principio, lo reconozco, me caía simpático. Se trataba de un conductor brillante y virtuoso, y la desaforada reacción en su contra de la caverna del hooliganismo oficialista, sometiéndole injustamente a fuego graneado por el hecho de tratar de hacer bien su trabajo -y bastante bien lo hacía, por cierto-, acrecía mi simpatía por el inglés.
Pero el día que, encabezando la cola tras el safety car, sobre una pista sin visibilidad ni adherencia, clavó los frenos provocando de esta forma el accidente de Weber y Vettel, los dos compañeros de escuderías modestas que le seguían, cambió radicalmente mi opinión sobre su persona.
Así que, en medio del aguacero de Sao Paulo, me cegó el brillo de un relámpago de justicia poética cuando le adelantó Vettel, la víctima principal de su sucia maniobra de Suzuka el año anterior. Lástima, maldita sea, que cuando, repuesto del chispazo, volví a abrir los ojos, Lewis había regresado del desván de la historia del automovilismo al que le había enviado la maniobra de Vettel. El breve resplandor se había extinguido para siempre.
Es lo que, a la velocidad de la luz, tiene el efímero fulgor de los relámpagos. Este del que hablo, se apagó justo a un instante de que “un tal Glöck” pasara bajo la bandera a cuadros.
Dios mío, cómo sufrimos los forofos!!