09.11.06
Nada de tirar el balón fuera
Lo que comenzó siendo un gesto de elegante deportividad ha acabado convertido en terreno abonado para pillos y tramposos.
Un juvenil del Getafe, delantero, está tirado en el suelo (del campo de tierra). Entre falsos ayes, recibe las desinteresadas consignas de amigos y familiares de los jugadores del equipo: “¡no te levantes!”, ”¡sigue ahí!”. Naturalmente, atacaba el equipo visitante a falta de unos minutos para el final. Cualquier pretexto era bueno para mantener la mínima ventaja. Así educamos a nuestros chicos.
Reyes. Último y reciente fichaje del Madrid. Chamartin. Copa de Europa de 2006. Real Madrid - Arsenal. También falta poco para el final. Arsenal gana por la mínima. A consecuencia de un lance del juego, Reyes cae al suelo fuera del perímetro del campo. Levanta la cabeza, valora la situación, localiza al auxiliar del árbitro y rueda como una croqueta para introducirse dentro del perímetro. Consigue interrumpir el partido: entrada de asistencias, salida de camilleros, y toda la parafernalia. Dos o tres minutos perdidos. En un minuto, el Manchester, que perdía por un gol, le ganó al Bayern una Copa de Europa. Para mí, Reyes actuó como un tramposo. Para mi popular amigo Petón, ex-futbolista profesional y agente de cracks, seguramente actuó como un hábil (así me respondió en cierta ocasión respecto de un penalti simulado por Xavi: el fútbol es de listos).
No quiero entrar en polémicas. Sean hábiles, o listos, no me gusta la gente que se aprovecha de la urbanidad, la elegancia, la educación o los buenos sentimientos de los demás. Estoy harto de ver cómo se interrumpe un peligroso contraataque por la lipotimia simulada de un delantero. Y me parece increíble que, cuando recuperada la posición en el campo mediante la artera maniobra, los hábiles ponen el balón en el corner de la defensa perjudicada por la interrupción, un locutor cretino comente: “devuelve deportivamente la pelota”.
Interrumpir el juego es una de las potestades del árbitro. Si el árbitro valora que la gravedad de la situación exige interrumpir inmediatamente la jugada para que el lesionado pueda ser asistido sin demora, así puede y debe hacerlo. Mientras tanto, que los balones fuera los tiren los hábiles y los listos. Veréis como no hay ninguno.